miércoles, 31 de julio de 2013

Todo ha sido un sueño

No puedo explicar el vacío que se siente al volver a casa, deshacer la maleta y darme cuenta de que me dejé lo más importante que encontré allí, algo que no cabe en el equipaje, que me tuve que llevar en la cabeza.
Es raro despertar al día siguiente y no estar en una litera, ni ver esa esplanada, ni la cuesta de los apestados. Ya no hay besos en la playa, ni mordiscos en el cuello, ni cosquillas en la espalda. Queda todo tan lejano que solo puedo verlo como un sueño que casi no recuerdo, cuatro días rápidos e intensos que me han dejado esa pequeña cicatriz que en noches como ésta amenaza con volverse a abrir. 
No voy a hablar de bodas ni de para siempres, pero lo que me has transmitido, en tantos gestos y en tan poco tiempo, no me cabe dentro. Dicen que si no lo vives no lo entiendes, yo digo que si no te guiñó un ojo y le pusiste mala cara, si no te llamó rubia, si no te encariñaste de tal forma que al recordarlo duele, no me vas a entender.
Solo quiero darte las gracias por cambiarme la perspectiva de la vida, del amor y de mi misma, por cambiarlo todo a mejor. El año que viene tendré el famoso síndrome de campamento, pero no me importa, tengo ganas, ilusión y, sobretodo, necesito que cumplas tu promesa, y que vuelvas, conmigo, con cualquiera, sin nadie, como quieras pero vuelve.

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