jueves, 8 de diciembre de 2011

The Casualties se apoderaban de cada rincón del salón, y todos aquellos libros que me quedaban por leer, todas las fotos enmarcadas, los sillones, las vajillas de plata, las botellas llenas de polvo arriba del todo, lo notaron. Notaron cómo la tristeza que desprendía se fundía en el ambiente. Y me recibían como una más, sin importarme su  indiferencia. Tan sólo buscaba ser recogida entre un millón de sábanas blancas y almohadas. Soñando con olas que mueren a las orillas de una playa vacía y desierta. Olvidar mis remordimientos de culpabilidad y dejar de sentirme estúpida, olvidar el olor a tequila y a cerveza. De pronto, un bip interrumpió mis pensamientos; y sonreí.


Siempre odiaré los domingos

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